#Sueña.

13 de diciembre 2015
#Sueña.




Sueña con un mundo mejor, con los niños pobres desaparecidos, con el hambre extinta; sueña con utopías coloridas, con la justicia universal, con la conciencia ecológica; sueña con tu coche y tus futuros hijos, con tu vida a la americana que siempre has querido. 

Queremos que sueñes con una moral homogénea, con buenas personas; sueña con derechos que no discriminan, con una sociedad sin prejuicios. Sueña y pon esa cara de niño que tienes cuando estás indefenso. Sueña tumbado y a oscuras, solamente iluminado por la pantalla del móvil. Sueña con lo que te han dicho que te mereces los de El Corte Inglés para estas rebajas. 

Queremos que sueñes y descanses bien. Queremos controlar tus pesadillas. Publicidad subliminal. Máquina del fango. 

Sueña, pero no queremos que pienses. Porque nos gusta que la gente luche por sus sueños, pero no que defiendan sus ideas. No tengas ideas, ¿para qué? si ya te enseñamos nosotros cómo debería ser el mundo. Sueña, te lo mereces; ya habrá alguien que piense por ti. 

#Queremos hacer.

30 de noviembre 2015

#Queremos hacer.


Se dice que el ser humano es el único capaz de ser consciente de su propia muerte, y siempre que lo he oído mi sensación ha sido de orgullo, de elegante inteligencia y superioridad. Pero no creo ahora que eso sea tan así. Tener constancia de la invención que supone el tiempo es sentir esa sensación de aburrimiento activo en la que no paras de buscar cosas que hacer y ninguna te satisface. El tiempo, como las matemáticas, son inventos humanos para hacer el mundo más sencillo y comprensible. Por eso parece que somos cada vez más máquinas. Dividimos el tiempo para hacer más cosas, nos aferramos a la idea de que cuanto más rápido pase, mejor; que cuantas más cosas quepan en él más grande se hace. Queremos una vida longeva llena de experiencias amontonadas. No queremos que pase el tiempo... porque no queremos envejecer, porque con el paso del tiempo lo bueno se acaba, lo que ha subido baja y todos mueren.
Queremos hacer. Dos verbos que resumen la condición humana. La primera persona del plural con sujeto omitido que precede al verbo de la letra muda. Escribimos cinco letras y pronunciamos cuatro; suena a propósito de fin de año. Siempre deseando, toda la vida puesta en el futuro, arrojada y expectante. 

¿Qué es el futuro?

El futuro es un lugar donde siempre habita la mejor versión de nosotros, es un espacio donde cabe el mundo entero, donde habremos aprendido de los errores, donde sabremos cómo ser felices; allí se nos habrá curado todo, estaremos de pie después de habernos levantado ocho veces de siete caídas. Es un tiempo donde hemos aprendido del pasado, donde pondremos en práctica, por fin, el carpe diem. Allí estarán ellos, y ella, o él, y los demás. Siempre hay gente que sonríe en el futuro; y a penas quedarán lágrimas cuando lleguemos.
Queremos hacer. Intención vaporosa y solidaria. Es una buena intención, una proposición que sueña que puede cambiar el mundo. Sólo basta con querer, quererlo muy fuerte y mucho, te dicen. Un queremos sin pizca de amor, un verbo que al conjugarlo varía su significado. Cada vez significa más cosas, y cada vez menos. Cuanto más, menos. Siempre es así. Cuanto más tiempo fuera, menos tiempo dentro. Cuantas más cosas quieres, menos tiempo tienes para ellas. Cuanto más tiempo tienes para tus cosas, menos puedes hacer.

¿Por qué queremos hacerlo todo?

Porque creemos que si  perdemos el tiempo perdemos dinero. El tiempo es oro. ¡Pues deme todo el tiempo del mundo y seré rico, para ti tus billetes, yo tengo oro! Pero el tiempo no existe, por eso todos nos vamos sin nada. ¿O es el oro lo que no existe, y por eso nos vamos de esa  manera?

Ya no necesitamos las dos monedas para Caronte, y eso es porque ya no sabemos hacia dónde vamos. 

#Dos minutos de silencio.

16 de noviembre 2015

#Dos minutos de silencio.




Un minuto de silencio por las víctimas. Un minuto de silencio en el que poder entregarnos a nuestros pensamientos. Respetamos el minuto y nadie habla, muchos lloran, todos piensan y se abstraen. Terminado el minuto todo vuelve a la normalidad, las bocas vuelven a pronunciar opiniones que vienen de lejos. 
Nada más saberse el ataque terrorista las redes sociales se llenaron de indignación, todos los teclados y las pantallas del mundo occidental ardían en enojo y frustración; en inseguridad. Podría haberle pasado a cualquiera, podría haber sido en cualquier ciudad. Todos somos París, y París es todo occidente. 
Pediría otro minuto de silencio, a continuación del primero de recuerdo, para pensar en el presente, en dónde estamos y cómo estamos. Reflexionar, no sólo sobre lo ocurrido, si no sobre todas las cosas que podamos. Y yo pienso: estamos alienados por toda la propaganda del bienestar, de lo efímero y fútil, del ocio como despertar y como condición humana. Estamos alejados de la muerte, que sólo viene a vernos en familiares y en las noticias. Nos hemos acostumbrado a ver el mundo a través de la seguridad de internet, todo a través de una pantalla, todo más cerca y más lejos. Pensamos que como aquí, en occidente, hemos desechado a Dios y el laicismo a tomado cada rama de la vida, como la religión se pretende eliminar de la educación todo el mundo ha hecho lo mismo. Hablamos del exterior con un deje de altanería. Vivimos bien, deseamos vivir mejor dentro del estado de derecho que parece universal. 
El ISIS no es nuevo, no ha aparecido ahora, este no es el primer atentado que perpetra. Pero casi todos han sido fuera. Y los vemos y nos indignamos, nos quejamos, opinamos en las redes y volvemos a nuestra vida. Ahora ha sido aquí, y habrá más aquí y más ahora. Habrá más sangre y más cadáveres. He leído a gente que reivindica más repercusión para lo que sucede fuera, para los atentados en Beirut, o donde sea. Gente que, tras la masacre del 13N se queja de que hay gente muriendo fuera y nadie dice nada. Gente que dice que por qué los muertos de aquí son más importantes que los de allí. Y, en cierta medida, comparto la pregunta; pero la respuesta que se me ocurre es la siguiente: 
Aquí estamos acostumbrados a lidiar con la muerte en forma de enfermedad, en forma de machismo o de accidentes, estamos acostumbrados a ver el mundo que está fuera de occidente a través de una ventana antibalas. Pues bien, nos ha alcanzado. Y no son más importantes las victimas de París que las de Beirut, ni que ninguna otra. Pero siempre hemos pensado que el ISIS estaba fuera, que a nosotros no nos tocaría. La sociedad del bienestar no está hecha para la guerra, no está preparada para el terror ni la sangre. Decimos que hemos dejado atrás las guerras, que nos dimos cuenta de lo que hacíamos con la Segunda Guerra Mundial, que el tiempo de las cruzadas quedó atrás y enterrado. Pero no somos todo el mundo. 
Yo también condeno los atentados, a mí también me hierve la sangre, también estoy bloqueado e indignado. Han venido a nuestra casa, como ya sabíamos que pasaría. Pero ¿cómo se lucha contra un enemigo invisible? Porque no sabemos donde está ni quién es ni lo que es capaz de hacer. Porque no atentan contra nadie, si no contra todos, no tienen intereses económicos, no tienen un plan en el que ellos salgan vencedores, no al menos en este mundo. Ellos creen en el cielo, buscan ser mártires, quieren elevarse y trascender. Y nosotros no entendemos eso, no entendemos cómo se puede pensar en morir matando, no nos entra en la cabeza. Y por eso estamos indefensos. ¿Por qué moriríamos nosotros? ¿Por qué mataríamos? ¿Mataríamos por la vida, por los derechos humanos, por venganza? 
Están aquí y no sabemos que hacer, nos han pillado indefensos. No atentan contra alguien, ni contra un país, atentan contra nuestra forma de vida. No es cuestión de religión, al menos no para nosotros. Ellos no entienden que vivamos así, como nosotros no entendemos que mueran matando. 
Por eso pido el minuto de silencio posterior al de recuerdo. Un minuto para pararnos a pensar qué se puede hacer contra esta gente. Pediría más de un minuto si se pudiera, porque, cualquier solución que se dé traerá más muerte. 

#Las piedras del camino.

3 de noviembre 2015



#Las piedras del camino.




¿No cambia tu suerte? Ya sé lo que pasa, que siempre tropiezas en la misma piedra y al rascarte la rodilla o la cara, toda manchada de sangre, miras hacia el suelo y ves la postura pétrea y firme de lo que te ha hecho caer; maldices en voz alta y por dentro la mala saña del destino, del camino, de los minerales inservibles y dañinos, quizás hasta un poco malvados. Te levantas y caminas, sigues caminando hacia el frente mirando cada ciertos pasos hacia atrás, sonriendo por dejar la piedra alejarse  y poder empezar a olvidar esa caída dolorosa. No olvidas la piedra, no olvidas la caída; sólo olvidas los pasos anteriores a caerte. La piedra es el enemigo, tú no has hecho nada, no tienes culpa de nada, es la voluntad del mineral lo que hace que te precipites a comer suelo, aún sin hambre. 

Pero más adelante en el espacio y en el tiempo vuelves a tropezar y a caer, la misma sangre, las mismas heridas, la misma piedra que sonríe desde el suelo con una mueca altanera y un deje de chulería. Y repites el proceso y las maldiciones. Vuelves a avanzar mirando hacia atrás, esperando que en algún tramo llano puedas coger carrerilla para llegar más rápido a la meta. 

El tropiezo es algo de lo que no podemos escapar, nadie puede caminar por la naturaleza sin precipitarse alguna vez, no existe un camino llano por el que podamos deambular sin que nada se nos interponga. Lo único que podemos hacer mientras avanzamos es pisar fuerte y seguros el suelo, nuestro suelo; si nos dejamos distraer por caminos paralelos, por caminos ajenos, por cualquier cosa que no seamos nosotros mismos... tropezamos y sangramos en la tierra seca. No es la piedra la que nos persigue, somos nosotros los que, en un cabreo febril, la cogemos y la arrojamos hacia el futuro con toda la rabia y la fuerza de las que somos capaces. Vamos persiguiendo ese tropezar que seguro llegará. Somos nosotros los que vamos poniendo las piedras en el camino. 

Una muchacha sólo sale con capullos que le son infieles y sólo la quieren por su físico. ¿Cuántas veces se ha dejado engañar ya? Todos los hombres son iguales, o si no lo son, todos los que son unos cabrones le tocan a ella. Ella, que le gusta leer novelas simplonas y que entretienen, busca a un tío que le dé qué pensar; ella, que le gusta salir de fiesta y beber busca un hombre tranquilo y sosegado; ella, que sólo conoce las discusiones a voces y considera normal llevar siempre la razón quiere una pareja que la escuche y la entienda, con la que se pueda hablar de cualquier cosa. ¿Cómo va a encontrar algo así cuando no deja de buscar en los mismos lugares? El amor, que se encuentra tras un vaso de alcohol y en la noche, la mayoría de las veces, es algo vacuo y superficial. Se pretende encontrar la pareja donde todos van a follar. Puedes ir a follar, puedes follar y pasártelo bien, pero en el fondo de cada cual tenemos metidos que el amor es algo que merecemos y que, tarde o temprano, llega inexorable, no se puede parar, no hay frenos que lo puedan detener. Pero, ¿qué amor quiere quién exige cosas que carece? Ahí arrojamos la piedra pensando que nuestra fuerza es todopoderosa y que saldrá de la órbita de nuestro mundo, de nuestros pensamientos, para alejarse hasta el final de los tiempos. Las piedras del camino no son cometas, no son cosas exteriores al mundo interior. 

Pensamos nuestra vida como si fuera un camino llano y hermoso, con grandes vistas en todas direcciones y nos enfadamos cuando vemos que es hostil. ¿Qué hemos hecho para merecer esto, por qué a nosotros, por qué la mala suerte? Un secreto: el mundo es hostil con todos, no hay una razón ni una intención en hacernos caer. 

Reconoce por donde caminas, reconoce tus pies y tu fuerza para lanzar las piedras lo más lejos posible. Pero, sobre todo, reconoce que ese camino que andas es el tuyo y que no es recto, no está construido, no está el mundo aplanado a tus voluntades  para que te desenvuelvas con naturalidad y rapidez. El mundo no nos pertenece y no nos tiene que agradar. Tropezar con las piedras es algo necesario, pero la culpa no es de la piedra, la culpa es de esperar que todo vaya sobre ruedas. 

Acuario.

16 de octubre 2015


Acuario.





Otra semana que se pierde en otro mes, es otro día cualquiera, que se diferencia de los demás por los dígitos de la parte inferior derecha de mi ventana virtual. Tecleo imprimiendo el mismo sentimiento en la yema de los dedos que el que pone la lengua contra los dientes; mis dedos son mi voz. O mi boca. Por internet todos tenemos nuestra propia voz, yo leo a Margarita y tiene mi tono y mi entonación. ¿Por eso detestamos nuestra voz grabada? ¡Esa es la voz que tienen los demás, no puede ser la mía! Pero lo es. Tienes voz a parte del texto. A veces resulta difícil sonreír detrás de la pantalla, sólo una risa interna y censurada que no deriva en nada. 


Pienso en la humanidad virtual como en un inmenso acuario: todos detrás de cristales, haciendo malabares para que los que han pagado se rían y aplaudan nuestras vidas. Cada persona, incluido yo mismo, está tras un cristal que distorsiona la realidad, un cambio de medio: como el agua que quiebra el palo, lo que vemos está distorsionado. El prisma virtual quiebra nuestra vista y nos muestra una realidad de otro medio imposible de alcanzar. No existe la rama quebrada, existe la rama recta. Internet no existe, sólo existimos nosotros. 


Se suceden los días y siempre hay Trendings Topics en Twitter. Todos los días se habla de algo y se hace viral. ¿Cuántos vídeos virales hay ya? Antes, cuando era muy raro que un vídeo llegará a casi todas las personas, era una proeza. Ahora es márketing. El viral es el chismorreo de la semana, la vecina embarazada del Richa a los dieciséis. Pero no perdura, hay muchos, muchas Jessicas que huelen a humo; ya dan igual. Hay tema de conversación todos los días porque ahora de todo se opina, nadie se calla, nadie se para a pensar. Las opiniones, la mayoría, no se crean en el interior, en el pensamiento; se crean en la lengua (ahora en los dedos) al hablar. Se piensa más rápido cuando se habla. Y ahora nadie se calla. Opiniones que se superponen y pelean, que bailan y gritan para imponerse a las demás. No sólo somos nuestras opiniones, ni nuestro gusto musical, ni nuestro gusto estético ni nuestro sentido del humor. 


33Cuando llegaron al lugar llamado ``La Calavera, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. 34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y echaron suertes, repartiéndose entre sí sus vestidos.35Y el pueblo estaba allí mirando; y aun los gobernantes se mofaban de El, diciendo: A otros salvó; que se salve a sí mismo si este es el Cristo de Dios, su Escogido.…


Y cuando matamos a Dios se nos perdonó, porque no sabíamos lo que hacíamos; pero cuando matemos al hombre se nos condenará, porque sabíamos lo que hacíamos y sólo construimos castillos de cartas confiando en que el viento nos respetara. Somos actores de una obra de teatro que creemos que hemos escrito nosotros. Nos relacionamos con fachadas, nos vendemos y esperamos ser comprados. Valemos dinero, somos mercancía. 


La palabra persona viene del griego persona, que significa máscara usada por un personaje teatral...


Blancanieves.

4 de octubre 2015


Blancanieves.





Todas las ventanas estaban cerradas y las manzanas, bien pulidas y relucientes, descansaban en el frutero. Todas con su muerdo perfectamente marcado. Las cortinas llevan echadas varios días, semanas incluso, pero las luces de bajo consumo mantenían la iluminación. Desde su sofá, con las piernas en alto y la mirada baja, miraba él su portátil blanco y silencioso. Tecleaba y deslizaba los dedos por el teclado táctil como si fuera una de esas películas de ciencia ficción donde con sólo mover la mano se desplaza información. Navegaba, si es que ahora se navega y no se vuela o se teletransporta, por sus redes sociales, todas abiertas a la vez. Las ventanas estaban cerradas pero el mundo ya no se mira por ellas. O eso pensaba él, y muy lejos no andaba de la verdad, pero tampoco muy cerca. Vio como una antigua novia del instituto le había mandado una petición de amistad. Quiere ser mi amiga se dijo en voz alta. La aceptó y la buscó en Instagram, porque la gente en Instagram siempre sale más guapa. La encontró y tras varios corazoncitos decidió seguirla. A su memoria llegó el único beso que se dio con ella, en un botellón, cerca de las seis de la mañana de un día de junio. Como por arte de magia a su cabeza llegaron más besos y labios y piernas y tetas y palabras de descortesía, coqueteos y posibles escarceos amorosos que nunca se dieron, pero porque él no quería. Recordó nombres y pasó de un perfil a otro, buscó las fotos en bikini y las de nochevieja. Agregó a un par de ex novias y tres o cuatro compañeros del equipo de lacrosse.

El mundo ya no está afuera, si no a través. A través de una pantalla, de un teclado y del wifi. Él estaba contentísimo de haber encontrado a esa muchacha y a las demás, y a sus excompañeros. Estaba exultante y decidió escribirles a todos para preguntarles que tal les iba. Y pasaron horas y días y ninguno le contestó. Eso tampoco le decepcionó, ya se le había olvidado toda la excitación. Ahora era Trending Topic una salida de tono de un aspirante a periodista con una futura alcaldesa, todo el mundo hablaba de ello, los tuiteros famosos afilaban su teclado y proferían frases ingeniosas y directas para dejar clara su postura. Todo el mundo habla de lo mismo, siempre hablan de lo mismo, da igual que tema toque cada día, porque todos los días hay uno. Él tuiteó y se rió con lo tuiteado sobre el periodista. Se metió en Instagram y vio los nuevos selfies de las guapas de la carrera, vio el perro nuevo de la vecina, lo enamorados que están todas las parejas y lo fácil que es vender una vida a través del móvil. Nada de eso le afectaba, incluso tenía amiguitas por Instagram y Badoo con las que fantaseaba con quedar algún día.

En un momento decidió meterse en sus propias fotos y mirarlas como si de un desconocido se tratase, y lo consiguió. La cosa no fue difícil, casi todos usan los mismos filtros y los selfies, a no ser que seas tuerto, o bizco, no cambian mucho de uno a otro.

Así se pasó casi toda la noche, saltando de perfil en perfil, de red social en red social, cuando, nadie sabe cómo y de dónde, sonó el teléfono. Pero nadie lo llamaba, era un whatsap: 'ey, tio, qdams?'
Primero lo leyó desde la pantalla de bloqueo y lo dejó reposar un rato. Si no salía el doble tick azul, nada pasaba, no lo había leído, estaba ocupado y no había oído el teléfono, cualquier cosa. Unos minutos después contestó: 'stoy liao'. Y lo volvió a tirar al sofá pensando en por qué quedar con alguien cuando tienes todo el mundo en tu móvil.
Y así se fue a dormir, sin nadie que pudiera despertarlo de ese sueño que lo invade cuando enciende su Mac.

 Cada dispositivo con internet es una ventana a un mundo donde todos son Blancanieves envenenadas, y donde los príncipes sólo llaman al fijo.

Manzanas.

1 de octubre 2015


Manzanas.



A ella le dijeron que las cosas buenas de la vida no se buscan, si no que se encuentran. Ella entendió que para que te pasen cosas buenas sólo debes quedarte quieto y esperar, que el universo conspira a favor de uno, que si deseas con fuerza todo llega. No le gustaba su vida desde hace mucho, su novio no era el que conoció; cuando ya llevaban un año y algo él se relajó y se dejó llevar, rodando sin rozamiento por la vida, con barriga recién estrenada y rutinas de sofá y manta. Ya no era atento, ya no era tan cariñoso, ya no había que conquistar su confianza pues esta empezaba a dar asco. Ella había cambiado también, pero eso nadie se lo dice. Ya no le hacía la misma ilusión la tarrina de helado de chocolate el primer día de menstruación, ni que la invitara a cenar. Ya no era un plan perfecto el quedarse en casa calentitos diciendo tonterías, ya no follaban como antes. Los cambios de uno no los vemos, los cambios de los demás siempre son obvios.
Por eso decidió convertir a su novio en un ex y se mudó a la costa, a esperar. Ella siempre había creído que se merecía lo mejor. ¿Por qué pensaba eso? Nadie lo sabe. Pero ahora todo el mundo piensa eso. La fábula de las manzanas en el árbol se la contó una amiga mayor que ella, hace ya unos años. Según su amiga todas las mujeres son manzanas y están en el árbol con sus formas redondeadas y coloradas. Algunas están más arriba y otras más abajo. Las de arriba son las mejores, las más difíciles de alcanzar, las de abajo caen antes, podridas. Por lo visto, los hombres se acercan al árbol para coger a las mujeres, pero tienen miedo de ir a por las mejores, las de más arriba, porque temen caerse y romperse el cuello, así pues se agachan y cogen a las podridas.  Ella, como todas las que oyen la historia, se creen que están en la parte alta, y que nadie se atreve a cogerlas, a escalar para ellas. Pero ninguna piensa que todas las manzanas caen.
Cogió sus cosas y se mudó a una casita pequeña y húmeda pero que daba al mar gris y furioso. Se compró un banco de madera y lo pintó de rojo y decidió sentarse allí a esperar a que alguien escalara para morderla. ¿De dónde nace la certeza de que ella es una manzana sana y atractiva? ¿Por qué creen las mujeres que son los hombres los que tienen que jugarse la vida para atraparlas? ¿Por qué son ellas las que están en el árbol y se despeñan?
Sentada en su banco le daba vueltas a las cosas y a las manzanas. ¿Sufren de lumbago o de gastroenteritis los hombres que sólo recogen manzanas del suelo? Los que escalan y van directos a por las más altas, cuando caen, ¿caen por falta de destreza o porque la manzana se resiste?

Esperando en el banco no pasó nada, de momento. Seguramente pasará, porque siempre pasa algo. Pero no porque se limitara a esperar. Si no porque se había mudado, se había separado de su novio y porque tomó una decisión. Las manzanas en el árbol para Adán y Eva, no hay que dejarse embaucar por la serpiente. No hay manzanas, no hay árbol, no hay búsqueda en vano. Las mujeres no deben esperar a que alguien arriesgue su vida por ellas, ni los hombres. Somos más como patatas, creciendo del suelo, enterradas, invisibles cuando se camina. No hay que escalar, hay que agacharse y ensuciarse las manos y limpiar la raíz. Porque lo importante se busca, y una vez en el camino correcto, se encuentran cosas.